Cuando decides construir en lugar de comprar una casa terminada, el financiamiento tradicional no siempre encaja: los bancos suelen desembolsar un crédito hipotecario contra un inmueble ya existente, no contra una obra en proceso. Ahí es donde entra el crédito puente.
¿Qué es un crédito puente?
Es un financiamiento diseñado específicamente para la etapa de construcción. En lugar de entregarte el monto completo de una sola vez, el banco libera el dinero por etapas ("ministraciones"), conforme la obra avanza y se verifica el avance físico. Esto reduce el riesgo para la institución financiera y, en teoría, para ti también, ya que solo pagas intereses sobre lo que realmente se ha ministrado.
¿Qué es un crédito hipotecario tradicional?
Es el financiamiento clásico para comprar una vivienda ya construida: se otorga el monto completo al momento de la escrituración y se paga en mensualidades fijas a lo largo de varios años.
Diferencias clave
Desembolso: el crédito puente se libera por etapas de obra; el hipotecario tradicional se libera de una sola vez.
Plazo: el crédito puente suele tener un plazo corto (12 a 24 meses) mientras dura la construcción, y muchas veces se convierte después en un crédito hipotecario normal una vez terminada la obra.
Requisitos: el crédito puente generalmente exige un proyecto ejecutivo, permisos de construcción y un cronograma de obra, además de la documentación financiera habitual.
¿Cuándo conviene cada opción?
Si ya tienes el terreno y vas a construir desde cero, el crédito puente (seguido de la conversión a hipotecario al terminar) suele ser la ruta más adecuada. Si en cambio vas a comprar una vivienda ya construida, el crédito hipotecario tradicional es el camino directo.
Cada institución financiera maneja condiciones distintas de tasa, plazo y porcentaje de financiamiento. Vale la pena comparar varias opciones y, si tu proyecto es de construcción, asegurarte de que el banco entienda bien el esquema de ministraciones antes de firmar.




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